Odontólogos desocupados Entre el 2000 y el 2002, el entonces Ministerio de Salud realizó un estudio que pronosticaba una desocupación creciente para los profesionales de las diferentes disciplinas de la salud. Respecto a la odontología, el proyecto 'Plan de largo plazo para el desarrollo y fortalecimiento de los recursos humanos de salud en Colombia' señaló lo que a la fecha es dolorosamente incuestionable: para el 2008, el índice de desocupación será del 24 por ciento y si la tendencia se mantiene, en el 2014 llegará al 30 por ciento y para el 2020 será del 35. Algo que deberían tener muy en cuenta los padres de familia cuyos hijos aspiran a estudiar odontología. Ya en el año 2000 era evidente que la recuperación de la inversión no se lograba antes de 11 años, y solamente si el muchacho, una vez graduado, lograba trabajo inmediato, razonablemente remunerado e invertía la totalidad de su estipendio salarial en abonar a la recuperación de dicha inversión, dependiendo por lo tanto económicamente en un todo de sus familiares durante el tiempo mencionado. Hoy sabemos que la situación en cuanto a la recuperación de la inversión es mucho más demorada si se tiene en cuenta no solamente la grave incidencia de los sistemas de cooperativas de trabajo asociado implantados durante los últimos años en el sector salud, el subempleo, sino igualmente el trabajo a porcentaje (20 por ciento sobre bajísimas tarifas impuestas) que muchos profesionales anónimamente denuncian en la mayoría de las instituciones de salud oral que compiten en el mercado colombiano. A la fecha existen 31 facultades de odontología con Registro Calificado para una población aproximada de 44 millones de colombianos (en Estados Unidos son 53 programas para 332 millones de ciudadanos y en Canadá 8 programas para 33 millones), las que en promedio en Colombia titulan por año 1.750 nuevos odontólogos (frente a un promedio de 1.040 en E.U. y 160 en Canadá), que bien o mal preparados ingresan a sobresaturar el mercado laboral. Como si fuera poco el número de facultades, existe una nueva solicitud de registro calificado a punto de ser aprobada (Fundación Universitaria Sanitas). Según el estudio mencionado, la mejor forma de disminuir la desocupación de los odontólogos colombianos al 16,9por ciento para el 2020 sería mediante la restricción de la oferta. Esto es, cerrando más de la mitad de los programas, exigiendo la obligatoriedad de la acreditación de los que queden activos, y efectuando en el tiempo la recertificación de la idoneidad profesional a través del colegio de profesionales. De las 31 facultades o programas con registro calificado, solo cinco cuentan con la Acreditación del Consejo Nacional de Acreditación (si uno de mis hijos insistiera en estudiar odontología, solamente me atrevería a matricularlo en una de ellas): Instituto de Ciencias de la Salud en Medellín; Pontificia Universidad Javeriana, Universidad del Bosque y Universidad Nacional de Bogotá; y la Universidad Autónoma de Manizales. Como profesional de una maravillosa profesión como la odontología, me preocupa profundamente la irresponsabilidad social con que en este país, en vías de desarrollo, el Estado y la sociedad se permiten el lujo de formar mano de obra calificada o altamente calificada a costos francamente onerosos, para luego, indiferentemente, consentir que esos profesionales desocupados se vean obligados a trabajar en otros menesteres para los que no fueron formados, ya sea en este u otro país (increíble darnos el lujo de formarles talento humano a países ricos sin ningún costo para ellos). Así como para una cirugía se pide a los pacientes firmar el consentimiento informado, el Estado, a través del Ministerio de Educación, debería asegurarse de que los futuros estudiantes de las diferentes disciplinas del saber humano estén bien informados sobre el promisorio futuro que les espera o, igualmente, sobre la hecatombe profesional que les aguarda.
Omar Vargas Beltrán, DDS
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